
Fenómeno El Niño: Débil y sin grandes efectos en 2019
De acuerdo con expertos, es probable que el evento se mantenga en los próximos meses. No obstante, seguiría siendo de baja proporción, por lo cual no deberían apreciarse grandes efectos en las actividades acuícolas y pesqueras.
El pasado 28 de febrero de 2019, la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) declaró la presencia del Fenómeno El Niño; esto, ante la evidencia de que las temperaturas en las aguas superficiales del mar ecuatorial estaban siendo superiores a la media en la mayor parte del Océano Pacífico. Esta condición se ha mantenido en los últimos meses, aunque en una categoría débil, que es cuando se presenta una anomalía de entre 0,5° C y 0,9° C y, de acuerdo con las proyecciones internacionales, debería continuar en dicha clasificación por lo menos hasta la primavera de 2019.
“La probabilidad de que permanezca durante los siguientes meses es de un 66% para el trimestre de invierno junio-julio-agosto, y de un 53% para el trimestre de primavera septiembre-octubre-noviembre. Se prevé también, según las proyecciones de abril de 2019, que El Niño continúe presente, aunque con una probabilidad más baja (51%), incluso en el trimestre de noviembre-diciembre-enero”, sostiene la meteoróloga de la Oficina de Servicios Climáticos de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), Catalina Cortés.
Al tratarse un Niño débil, no ha tenido grandes efectos en el país. De hecho, de acuerdo con el investigador del Centro Copas Sur-Austral y académico del Departamento de Oceanografía de la Universidad de Concepción (UdeC), Diego Narváez, “los datos satelitales de temperatura superficial del mar aún no muestran la presencia de El Niño en la costa centro-sur de Chile (entre Valparaíso y Chiloé), pero tenemos información de que en el Océano Pacífico Tropical hay una señal débil”.
El científico destaca que “dado que la señal es de baja intensidad, puede que no se manifieste en las costas chilenas, pero debemos estar atentos, ya que estamos entrando al invierno, donde las temperaturas del mar son bajas y aún no tenemos información suficiente para descartarlo o corroborar su llegada”. Añade que en Chile, El Niño se percibe principalmente en el verano, de diciembre a marzo, pero que hasta ahora (principios de mayo) la temperatura superficial del mar se ha mantenido en rangos normales, según los datos satelitales que él mismo ha analizado.
El académico coincide con la DMC en el sentido de que El Niño –según datos del NOAA y el Instituto Internacional de la Universidad de Columbia (Estados Unidos)– se mantendría débil en los próximos ocho a nueves meses. “Las proyecciones son calculadas a base de varios modelos matemáticos que utilizan la extensa red de observaciones que existe en el Pacífico Tropical. En las costas chilenas, El Niño se puede extender hasta el otoño austral, pero las características del evento actual sugieren que no sería muy intenso ni de larga duración”, detalla.
Esta situación ha tenido tranquilo al mundo pesquero y acuícola, puesto que la situación no ha tenido mucho impacto en la producción. “Ha sido un Niño débil, entonces no se ha traducido ni en Floraciones Algales Nocivas (FANs) intensas ni en mortalidades masivas. El verano estuvo relativamente tranquilo. Estuvimos con la producción en calma y sin emergencias ambientales”, dice la jefa del Área de Medio Ambiente del Instituto Tecnológico del Salmón (Intesal) de SalmonChile A.G., Ximena Rojas.
El Niño y La Niña
Según lo explicado por Diego Narváez, El Niño y La Niña son fases opuestas de un fenómeno oceánico-atmosférico conocido como El Niño Southern Oscillation (ENSO). “Como el nombre lo dice, se trata de una oscilación, es decir, un cambio de una fase a otra, por lo que generalmente luego de un evento El Niño hay un evento La Niña, pero hay excepciones durante algunos años, aunque la comunidad científica aún no ha encontrado una respuesta a esto”, manifiesta.
El académico precisa que ENSO es un proceso complejo que ocurre naturalmente, repitiéndose aproximadamente cada dos a siete años. Durante El Niño, las temperaturas del mar frente a América del Sur aumentan, mientras que durante La Niña las temperaturas son más bajas de lo normal. Lo normal, en tanto, es cuando no hay condiciones de Niño o Niña.
“ENSO se genera en el Pacífico por un cambio en la intensidad de los vientos alisios en la zona tropical (un debilitamiento de los alisios origina un Niño, mientras que un aumento origina una Niña), por lo tanto, afecta directamente al Océano Pacífico. Debido a la compleja interacción que existe entre el océano y la atmósfera, tiene efectos distintos sobre las condiciones atmosféricas en todo el planeta. Estos efectos pueden verse reflejados en el aumento de precipitaciones y tormentas en algunas áreas, o bien aumento de ondas de calor y sequías en otras, en distintas fases de la oscilación”, explica Diego Narváez.
El Niño y el cambio climático
Entre fines de 2015 y principios de 2016 se vivió el mayor evento de El Niño de las últimas décadas. Durante el trimestre noviembre-diciembre-enero, la oscilación en la temperatura superficial del mar fue de nada menos que de 2,6°C. Para hacerse una idea, en el último trimestre evaluado, febrero-marzo-abril de 2018, la oscilación ha sido de 0,8°C. Dicho evento es muy recordado en la industria acuícola, puesto que las mayores temperaturas del mar propiciaron la aparición de FANs que afectaron enormemente a la salmonicultura chilena; se perdió el 15% de la biomasa presente en el agua, generándose más de 40.000 toneladas de mortalidades. La pesca y pequeña acuicultura también se vio perjudicada, debido a una extensa área declarada con marea roja.
En ese entonces, se decía que este Fenómeno El Niño de alta intensidad tendría relación con el cambio climático y el calentamiento gradual que está viviendo el planeta. ¿Es correcto efectuar esta vinculación? La jefa de la Oficina de Cambio Climático de la DMC, Claudia Villarroel, aclara, primero que nada, que “debido a que los eventos El Niño-La Niña y el cambio climático tienen escalas de tiempo diferentes, así como distinto origen, no se pueden relacionar o hacer un pronóstico de El Niño en base al cambio climático”.
No obstante, “de la forma en que se pueden relacionar es en que, ante el aumento de la temperatura, tanto en el aire como en el océano, es probable que los eventos El Niño (que involucran mayor temperatura) sean más frecuentes y más intensos, aunque dicha hipótesis aún no es sustentada, puesto que se necesita mayor evidencia estadística”, expone la especialista.
Claudia Villarroel agrega que, aunque los eventos de El Niño se intensificaran, “esto no quiere decir que tengamos consecuencias en nuestro clima en forma directa. Es más, el Niño 2015-2016 no afectó de manera significativa el clima de Chile, pero sí tuvo consecuencias en el océano que podrían ser de interés para un seguimiento continuo”.
En cuanto a los impactos en el océano, Diego Narváez sostiene que el aumento de temperatura trae cambios en los ecosistemas marinos que se pueden traducir en una redistribución de algunos recursos pesqueros, cambios en la biodiversidad y, en general, baja la productividad del océano costero. Durante la Niña, en cambio, se tienen aguas más frías y ricas en nutrientes pueden llegar a la costa, aumentando la productividad de esta zona.
En relación con el cambio climático, el investigador de la UdeC explica que “debido a las distintas y complejas interacciones océano-atmosfera, existe mucha incerteza sobre cuáles son los reales efectos del cambio climático en los fenómenos ENSO. Pero hay una tendencia a nivel mundial que indica que el cambio climático está causando más eventos extremos y con mayor frecuencia. Por ejemplo, ha aumentado el número e intensidad de los huracanes en las zonas tropicales y hay más olas de calor e incendios forestales. Por lo tanto, se podría pensar que los eventos Niño/Niña podrían exhibir la misma tendencia de ir en aumento. Sin embargo, hay bastante debate en la comunidad científica acerca de esta relación”.
Lo anterior se debe a que, por un lado, los registros de datos no son lo suficientemente extensos como para visualizar eventos ENSO pasados y, por otro lado, debido a que las predicciones realizadas por modelos matemáticos aún no alcanzan un alto grado de certeza. “Recientes estudios muestran que en zonas afectadas por ENSO, el cambio climático provocaría eventos más extremos de precipitación y ondas de calor. Pero por el momento, no tenemos certeza que el cambio climático provocará Niños más intensos, ni menos sabemos que impactos tendrá eso sobre los ecosistemas marinos”, dice el profesional.
Ahora, de repetirse un Niño de alta intensidad como el de 2016, ¿sería posible saberlo con anticipación? “Es muy difícil predecir o conocer con anticipación la ocurrencia de El Niño o La Niña sin contar con una serie de datos oceanográficos y meteorológicos de larga trayectoria y continuos a lo largo de la costa de Chile. En este momento, las predicciones se realizan en las zonas tropicales y donde la NOAA mantiene un sistema de observación oceanográfica y meteorológica con información valiosa y que es la base para alimentar los modelos de predicción. Al originarse el fenómeno en la zona ecuatorial, en Chile tenemos cierta posibilidad de saber cuándo va a ocurrir uno de estos eventos, pero con sólo algunos meses de anticipación y no podemos decir con certeza cuál será la intensidad en nuestras costas”, sostiene Diego Narváez.
Y es que, a medida que El Niño se propaga hacia el sur, es decir, hacia la costa chilena, existe menos información que permita proyectar cuánto va a aumentar la temperatura del mar (o disminuir en el caso de La Niña). En países como Estados Unidos, en cambio, existen más de 30 años de observaciones oceanográficas y meteorológicas que permiten entender algunos de los mecanismos de generación de El Niño y hacer predicciones. No obstante, aun así, hay bastante incerteza, ya que existe una amplia variabilidad natural del fenómeno.
“En Chile estamos atrasados, ya que no contamos con una red de observaciones de largo plazo que nos permita hacer proyecciones locales, o realizar un seguimiento de este fenómeno a medida que se propaga por las costas chilenas, ni menos determinar qué efectos tendrán dadas las características que presenta”, dice el especialista de la UdeC.
Lo cierto es que en los últimos dos años, se han desarrollado esfuerzos entre distintas instituciones académicas, como el Centro Copas Sur-Austral de la UdeC, el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (Ceaza), el Centro i~Mar de la Universidad de los Lagos y el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) de la Universidad de Chile, para mantener una pequeña red de observaciones oceanográficas y meteorológicas (www.cdom.cl). Sin embargo, se cree que es necesario un esfuerzo a nivel país para contar con un sistema de observación del océano que permita entregar información oportuna y en tiempo real acerca de eventos extremos, tales como El Niño, La Niña, FANs o hipoxia, por nombrar algunos.
Nota original de Aqua