Una red de observación oceanográfica para Chile

Una red de observación oceanográfica para Chile

Chile es un país oceánico privilegiado que cuenta con 4.300 km de costa en línea recta, los que aumentan en más de 80.000 si consideramos las miles de islas de la Patagonia. En su inmensidad, nuestro océano costero sustenta numerosos bienes y servicios, pero también está expuesto a diversas amenazas producto del cambio climático y la acción humana, originando fenómenos como mareas rojas, mortandad masiva de especies, varazones y una mayor vulnerabilidad de la pesca y acuicultura. Lamentablemente, desconocemos o entendemos precariamente las causas de la mayoría de estos eventos, limitándonos a reaccionar tardíamente, y a veces sin buenos resultados, asumiendo enormes costos económicos y sociales.

Como país, los efectos esperados del cambio climático sobre el medio ambiente y la población nos deben preocupar y ocupar. Hoy solo contamos con cinco plataformas de observación oceanográfica que entregan datos en línea, cifra insignificante si la comparamos con las más de 1.000 estaciones meteorológicas operativas en territorio continental, y que sin duda han contribuido a mejorar los pronósticos del tiempo, así como nuestro nivel de preparación ante eventos como temporales, nevazones y aluviones.

Si queremos lograr algo similar con nuestro ambiente marino, debemos partir por aumentar el número de puntos en que se registra y transmite la información. Cualquier modelo de pronóstico serio requiere de información de calidad y de largo aliento para funcionar correctamente. Por ello, como país debemos asumir el desafío de implementar una red de observación que cubra adecuadamente nuestra larga y compleja geografía costera, sirviendo también como herramienta central para la toma de decisiones y sustento para un salto cualitativo en la investigación oceanográfica en Chile.

Para construirla debemos contar con el instrumental adecuado, pero también con la capacidad de implementar un sistema eficiente para transmitir, almacenar y distribuir la información. Asimismo, necesitamos considerar que la mantención de una extensa red oceanográfica implica destinar los recursos económicos suficientes y disponer del capital humano apropiado. Por ello, enfrentar este enorme desafío requiere del compromiso a largo plazo del Estado, especialmente del poder legislativo en la asignación de recursos y de las instituciones sectoriales pertinentes para su operatividad.

En una época en que los desastres ambientales parecen ir en aumento, se hace particularmente crítico entender sus causas y aprender de la experiencia para mejorar la forma en que se toman las decisiones sobre el uso del océano costero. Sin información de calidad, estamos condenados a la reactividad y la especulación cada vez que surge un evento ambiental en nuestras aguas.

 

Fabián Tapia
Sub director Centro de Investigación Oceanográfica COPAS Sur-Austral, Universidad de Concepción.