
El pronóstico del tiempo
La distribución del calor por la atmósfera y los océanos permite que la tierra sea un planeta habitable, de no ser así, la zona del Ecuador sería demasiado calurosa mientras que las zonas extra tropicales serían demasiado frías para albergar la vida humana. El calentamiento desigual de la tierra genera corrientes oceánicas y atmosféricas a escala planetaria, las que impactan y controlan el clima en las diversas regiones del planeta.
El clima de nuestro país es modulado fundamentalmente por dos centros de acción permanentes cuya interacción genera lo que entendemos por buen y mal tiempo. El primero es el sistema de alta presión subtropical conocido como el anticiclón del Pacífico, que se extiende sobre toda la cuenca oceánica del Pacífico sur y es el forzante dominante del sistema de las corrientes de Humboldt. El segundo, las bajas presiones o ciclones polares, que definen el frente polar relacionado con los vientos del oeste que generan lluvias, inestabilidad y mal tiempo durante todo el año en la zona austral y estacionalmente en la zona centro y norte del país.
La estacionalidad de las lluvias se relaciona con la posición del anticiclón del Pacífico. A nivel estacional el anticiclón alcanza su posición más cercana al ecuador en invierno ubicándose su núcleo en la latitud 25°S, mientras que en verano el núcleo del anticiclón se desplaza hacia el sur (latitud 36°). En términos generales, el fortalecimiento y desplazamiento del anticiclón hacia el sur asegura buen tiempo en una gran parte del país durante los meses de primavera y verano, pues actúa como barrera al paso de los sistemas frontales provenientes del sur, asociados al ciclón polar.
El sistema de altas y bajas presiones del Pacífico Sur se ve afectado por variaciones de diferente escala (interanual, decadal, centenial), que alteran el patrón normal de lluvias a lo largo de la costa de Chile, incluyendo nuestra Patagonia. Uno de los fenómenos más conspicuos es la ocurrencia de el Niño/Oscilación Sur (ENSO), que tiene una fase cálida (el Niño propiamente tal) y una fase fría conocida como la Niña. La alteración de condiciones asociadas al ENSO ocurre con una periodicidad de entre 3 a 7 años. Durante la fase cálida del ENSO se debilitan los vientos asociados al anticiclón del Pacífico, lo que genera mayores precipitaciones en la zona centro y norte del país, mientras en la Patagonia las precipitaciones decaen debido a que los sistemas frontales a los que estamos acostumbrados son desviados hacia el norte. En la actualidad las mediciones de la temperatura superficial del mar indican que el fenómeno del Niño se encuentra en retirada, por lo que sería posible pronosticar que la sequía que afecta nuestra región debería llegar a su fin.