El reto de tener una cultura oceánica para proteger a nuestro mar

El reto de tener una cultura oceánica para proteger a nuestro mar

El 8 de junio se celebró el Día Mundial de los Océanos. Fecha para concientizar que dependemos del océano para vivir y este de nuestros cambios para resguardar su rol. Algo aún más crucial en Chile, donde el maritorio supera con creces al territorio.

Que dependemos del océano y el océano de nosotros ha buscado concientizar el Día Mundial de los Océanos 2021 con su tema “El océano: vida y medio de subsistencia”, celebrado el 8 de junio como una fecha promovida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Es que el océano, que cubre más de 70% de la Tierra, es vital. “Provee vida y no sólo a los organismos que lo habitan: es responsable de toda la vida. La vida se originó en el océano y poco a poco fue modificando las condiciones de todo el planeta para hacerlo habitable”, empieza relatando el doctor Paul Gómez, coordinador de Divulgación Científica del Centro de Investigación Oceanográfica Copas Sur-Austral, alojado en el Departamento de Oceanografía de la Universidad de Concepción (UdeC). Además, destaca que “regula el clima y entrega gran parte del oxígeno que respiramos”: más del 50%. Es también el principal sumidero natural de dióxido de carbono (CO2), absorbiendo más del 30% de las emisiones de uno de los principales gases de efecto invernadero, responsables del calentamiento global y aceleración del cambio climático, ayudando a combatir el fenómeno. No es menos importante que brinde recursos que sustentan dietas y economías, afirma, pues como alimentos son la principal fuente de proteína para más de 1 millón de personas del mundo y la pesquería es el soporte de comunidades y naciones. Todo gracias al rol ecológico y dinámicas de los componentes de un océano que alberga la mayor cantidad de biodiversidad planetaria.

Y tan vital como su papel es cuidar al océano, pues está en riesgo tras años de acción humana desmedida. “La contaminación por hidrocarburos y plásticos, el calentamiento global y cambio climático con la acidificación oceánica que conlleva (por el CO2) y la sobrepesca son impactos que afectan la resiliencia del ecosistema, es decir, la capacidad del océano y de sus especies de responder a los distintos impactos naturales y antropogénicos”, advierte Gómez. Y, en efecto, de mantener sus funciones.

Cambio cultural

El mayor problema es su suma, pues “son varias amenazas que actúan sinérgicamente”, resalta, y se influyen entre sí con impactos sin fronteras. Ahí el primer principio de la Cultura Oceánica, que Paul Gómez detalla que es que la Tierra tiene un solo gran océano con muchas características. “Aunque es enorme, todo el océano está interconectado y lo que sucede en un punto, eventualmente, afecta o alcanza todos los puntos de este océano a través de las corrientes oceánicas”, explica. “Lo que conocemos como Océano Pacífico o Atlántico son cuencas oceánicas”, aclara.

Una cultura cuya construcción es básica para impulsar los necesarios cambios individuales y colectivos que lleven a tener una sociedad que proteja al océano, porque entiende y valora su papel y cómo aportar a la solución de los problemas. Y se asume como crucial para Chile, un país que es más mar que tierra: “75% de Chile es mar, en su gran mayoría desconocido”, afirma. Lo es para científicos al haber zonas de difícil acceso, submuestreadas y vacíos de información, y más para gran parte de una nación que vive de espaldas a ese mar que baña los cerca de 4.300 kilómetros en línea y que si se recorrieran las múltiples bahías, fiordos, golfos e islas, cada recoveco de nuestra accidentada geografía, multiplica por 20 su extensión al punto dar vuelta dos veces la Tierra por la línea del ecuador, que mide 40 mil kilómetros. La superficie de la zona económica exclusiva equivale a 3 veces de la de Chile continental.

Paul Gómez, como activo organizador y participante de actividades de divulgación científica para distintos públicos, sobre todo escolares, sabe que se ha ido cimentando bases de la cultura, pero que falta por hacer. “Se han empezado a notar los impactos que ha sufrido el océano, pero creo que aún no se reconocen completamente los servicios que nos ofrece y diferentes a la entrega de alimentos”, plantea. Y cree que relevante para avanzar es formar a profesores de escolares para que puedan cimentar la Cultura Oceánica en las nuevas generaciones y no de forma exclusiva a las ciencias, sino con el océano como tema transversal para abordar contenidos en distintas asignaturas, como creaciones literarias, por ejemplo. “Eso permitirá que en el futuro el océano esté presente en toda conversación y decisión”, sostiene; que esté presente en la consciencia y la acción.

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