Microorganismos y la nueva evidencia de su conexión global

Microorganismos y la nueva evidencia de su conexión global

Mireia Mestre, investigadora de COPAS Sur-Austral de la UdeC, es autora principal de un artículo que evidencia la vital conectividad microbiana planetaria, bajo el concepto de «cinta transportadora» en ciclos de dispersión que conectan ecosistemas muy distantes.

Solemos atribuir la palabra microorganismo con patógeno. No obstante, los que tienen el potencial de serlo son una mínima cantidad dentro de una inmensa diversidad presente en todo el planeta, desde el suelo y océanos hasta la atmósfera, con funciones ecológicas tan variadas como esenciales; tanto, que sin ellos la vida en la Tierrabno existiría. Y, sin embargo, sólo es posible verlos mediante un microscopio, pese a su papel clave, enorme distribución y vital conexión global.

Es que una nueva investigación propone que existe una dispersión global, recurrente y espacialmente cíclica de la comunidad microbiana, capaz de conectar ecosistemas muy distantes. La doctora Mireia Mestre y el doctor Juan Höfer, investigadores del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (Ideal) de la Universidad Austral de Chile, son los autores del estudio y han denominado a este proceso “la cinta transportadora microbiana”.

Al respecto, Mestre, autora principal y también investigadora del Centro Copas Sur-Austral de la Universidad de Concepción, asevera que lo que proponen es que todo en el planeta está conectado y que “los ciclos de dispersión influyen directamente en la distribución de los microorganismos y, por tanto, en el funcionamiento del sistema terrestre. La existencia de la ‘cinta transportadora microbiana’ sólo se puede entender si tenemos en cuenta la evolución de la vida en el planeta Tierra”. “Proponemos que la dispersión de los microorganismos no es enteramente al azar, sino que ocurre continuamente en el tiempo y cíclicamente en el espacio. Por ejemplo, en los océanos existen microalgas que se convierten en esporas y terminan en el fondo marino. Detienen su actividad biológica durante muchos años, incluso siglos, hasta que el viento y las corrientes hacen que vuelvan a la superficie”, explica por su parte Höfer, académico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Al respecto, el estudio muestra cómo las etapas inactivas (latentes o dormantes) de los microorganismos están adaptadas para soportar condiciones adversas específicas y que los periodos dormantes de larga duración facilitan la dispersión.

Seguir profundizando

Los intereses científicos de ambos expertos de las ciencias del mar, su área de expertise, les ha llevado a coincidir en distintos trabajos y así en el estudio de la conectividad de los organismos en los océanos. Sin embargo, en tanto comenzaron a hacer una revisión bibliográfica evidenciaron que esta conexión “es un fenómeno global, que no sólo pasa en el océano, sino que en muchos ecosistemas”, resaltan.

Un ejemplo es que notaron que había bacterias propias del suelo que también aparecen a mucha profundidad en el océano. Así, siguieron adentrándose en el conocimiento existente para comenzar a vincularlo y encajarlo como un puzle de información publicada para postular un nuevo concepto con el que logran satisfacer una inquietud y discusión científica latente desde inicios del siglo XX, dada la falta de entendimiento sobre los procesos de distribución y funcionamiento de los microorganismos, pese al aumento del conocimiento en el ámbito de la microbiología en los últimos años: ¿todos los microorganismos están en todas partes del planeta?

Con la evidencia en la frontera del conocimiento aportada por Mestre y Höfer, aseguran que se debe seguir profundizando; ellos lo están haciendo a nivel del océano, pero sostienen que es una pequeña parte de un inmenso y complejo entramado el que pueden abarcar. “El trabajo de muchos científicos de distintas disciplinas nos ayudará a tener la respuesta sobre los ciclos de dispersión”, sostiene Mestre, llamando a que se aúnen esfuerzos de la investigación en Chile y el mundo en dicho ámbito.

Pandemias: riesgos de perturbar el flujo de dispersión global de microorganismos

Comprender a cabalidad los ciclos de dispersión, en que los investigadores hacen un primer relevante acercamiento, en su opinión es clave para entender la función de la conectividad microbiana global, la manera en que puede interferir con la vida en la Tierra, los impactos de sus perturbaciones y también cómo resguardarlas.

Es que “la mitad del oxígeno que respiramos está hecho por microorganismos y todo el flujo de nutrientes pasa por los microorganismos”, menciona la doctora Mestre como dos precisos vitales roles ecológicos de estos para nuestra propia vida y la de otros seres vivos. Pero, así también, puede haber efectos imprevistos y perjudiciales cuando se perturba la “cinta transportadora microbiana”, pues puede alterarse la diversidad microbiana de los distintos ecosistemas que se conectan entre sí y, así, los servicios ecosistémicos que favorecen el bienestar humano.

Perturbación y pandemias

De hecho, cuando existe una alteración o degradación de los ecosistemas se incrementa el riesgo de propagación de microorganismos oportunistas y patógenos. Ahí que la conectividad microbiana y su perturbación se vincule con enfermedades zoonóticas, aquellas originadas en animales que se transmiten al ser humano, como la Covid-19, explica. “Los ciclos de dispersión han ocurrido durante milenios. Si se perturban, facilitan la aparición de estas enfermedades: pueden aparecer microorganismos que estaban dormidos desde hace mucho tiempo y en un contexto de cambio global, esto podría perjudicar sensiblemente nuestro bienestar mediante consecuencias imposibles de predecir”, advierte por su parte el doctor Höfer, pero un efecto puede ser que las pandemias vayan al alza.

Sobre ello, es importante saber que, hace poco, el Panel Intergubernamental para la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (Ipbes) de Naciones Unidas, presentó un informe donde se establece que la pérdida de biodiversidad del planeta tiene relación directa con la aparición de pandemias, con la conclusión clara de que la mejor manera de evitarlas es conservar el medio ambiente. Al respecto, ambos científicos, resaltan que “ya no sólo hay que preservar los ecosistemas, sino que también los flujos naturales que hay entre ellos y les conectan”. Conscientes que, como humanos, no estamos aislados de la naturaleza y la relación que tenemos con ella no siempre es la mejor, estableciendo daños que, finalmente, terminan por repercutir en nuestra propia salud y calidad de vida.

Describir para preservar

Mireia Mestre asegura que entendiendo su existencia “es primordial describir y comprender la ‘cinta transportadora microbiana’ para preservar los mecanismos de dispersión global y, por tanto, ayudar a prevenir la aparición de nuevas pandemias”, como uno de los distintos impactos que las perturbaciones en ello tienen para la vida en el planeta.

Explica que, por ejemplo, hay especies migratorias que se mueven de un ecosistema a otro para alimentarse o reproducirse, como aves y peces, y en el trayecto transportan microorganismos. Esa ruta de dispersión, esos flujos invisibles a nuestros ojos y tan vitales para la Tierra, puede alterarse al rellenarse un humedal, al degradar el bosque nativo para cambiarlo a suelo de uso silvoagropecuario o de urbanización o urbanizar, al traficar especies de flora y fauna, y con el cambio climático, por ejemplo. “Hay otro ejemplo muy relevante para Chile. Uno de los trabajos que citamos en nuestro artículo y nos llamó la atención, fue el que hicieron unos colegas en el sur, que dicen que en implementos de pesca, se pueden llevar quistes de resistencia de floraciones algales nocivas (FAN)”, añade Juan Höfer. Por ello, si se pesca en un sitio donde hubo un evento de FAN, popularmente conocidos como marea roja, y luego se usan los mismos artículos en otro sitio sano, estos pueden ser el vector de las algas tóxicas.

En efecto, nosotros, de muchas formas estamos influyendo; así, comprender los ciclos, mecanismos y perturbaciones es clave para saber cómo preservar la conexión microbiana, por tanto, la biodiversidad y bienestar global, pues afirma que se requiere más que un área protegida, un parque nacional o un santuario de la naturaleza para lograrlo, porque lo que ocurre en todos los ecosistemas se conecta y puede repercutir en otro, por más lejos y protegido desde la política pública que esté.

*Un artículo de alto impacto: La publicación científica se realizó, recientemente, en la prestigiosa revista Trends in Microbiology.

Este artículo fue escrito por Natalia Quiero para el Diario Concepción